El reto de aprender a convivir con los ataques de pánico. (Experiencia/testimonio)

No sabía qué me estaba aconteciendo.

Las manecillas del reloj marcaban 23:00, la noche parecía mostrarse serena y tranquila.

Año 2017, día 20 de junio, martes.

Mi mente y cuerpo estaban relajados, me hallaba sentada en el sofá del salón, lugar que había escogido para repasar los últimos temas del examen de derecho que tenía que realizar al día siguiente, miércoles 21.

Había planeado hojear un poco más aquel manual y a continuación, marcharme a dormir.

Nada sucedió como lo planeado.

Las manecillas del reloj marcan 23:15.

Lo que no sabía, es que aquella plácida calma, súbitamente, iba a desaparecer para dar lugar a lo que constituiría uno de mis primeros ataques de pánico.

Las manecillas del reloj marcan 23:30.

Por un momento siento la necesidad de desprenderme del manual de derecho, cerrar los ojos y analizar qué es aquel dolor torácico que empiezo a experimentar de repente.

De forma continuada, terribles náuseas y dolor estomacal se suman al dolor del principio.

Comenzaba a sentir esa terrible sensación característica de los viajes a la montaña, en los que el coche ha de tomar muchas curvas y el camino para subir se pone cada vez más dificultoso. En los que esto más el típico olor y calor del coche, llegan a provocar, incluso, devolver el plato de macarrones del día anterior.

Las manecillas del reloj marcan 23: 45.

La frecuencia cardíaca es más fuerte y rápida. Te estremeces, piensas que el corazón se te podría salir del pecho.

Poco a poco, la dificultad para respirar es cada vez más grande, empiezo a sentir asfixia, sofoco.

Las manecillas del reloj marcan 00:00. 

Pido ayuda. Nadie me escucha, el miedo se vuelve real.

Fugazmente irrumpo en la cocina.  ¡Menos mal, hay alguien despierto!

Tomo asiento y entre lágrimas y sollozos lo único que comento es lo siguiente: – Siento que esta noche, podría morirme.

Las manecillas del reloj marcan 00:10. 

Más síntomas empiezan a manifestarse.

Sudoración y escalofrío.

Temblor y estremecimiento.

Las manecillas del reloj marcan 00:15. 

Todo empeora con uno de los últimos síntomas.

Entumecimiento. Sí, comienzo a experimentar un leve hormigueo que comienza con mi cara y después se extiende a mis manos y pies.

El miedo es real.

Falta poco para desmayarme.

Las manecillas del reloj marcan 00:30. 

Desde 00:00 hasta 00:30 mis padres no supieron cómo calmarme, pues ni ellos ni yo misma comprendíamos qué me estaba pasando.

Ninguno estaba preparado para un episodio así. Nunca había padecido ningún trastorno o enfermedad. Mis huesos son sanos y fuertes. Y hasta esa noche, pensaba que mi mente era de igual condición.

Las manecillas del reloj marcan 00:40. 

Me piden que me tranquilice.

¡Como si yo pudiera controlar esto!

Todo se torna en una mayor pesadilla cuando súbitamente y sin quererlo, comienzo a chillar, como si tuviese miedo, como si me hicieran daño. Como si no se tratara de mí, como si lo estuviera viendo todo desde fuera de mi cuerpo y no me reconociera.

Esos chillidos me provocaban tanto miedo que con las fuerzas que me restaban, llevaba mis manos a la boca en un intento de parar aquello, de callar ese tormento.

Imposible, los gritos son más frecuentes.

Cuando creo conseguir estabilizar la situación, una fuerza incontrolable se apodera nuevamente de mi boca, necesita ser escuchada.

Necesita levantar la voz.

Tengo miedo. No sé que me pasa.

La incertidumbre se adueña de mí. Siempre le he tenido miedo a lo desconocido, pero esa noche, estaba temblando.

Las manecillas del reloj marcan 01:00

Mis padres reaccionan. Toman control de la situación.

Advierten que no es algo normal. No es propio de mí. Es algo que me supera. Que me controla. Que me torna, inclusive, loca por instantes.

Aunque…cualquiera lo hubiera afirmado observándome en dicho estado.

Las manecillas del reloj marcan 01:20

Voy de camino a urgencias.

Si hasta el momento he hablado de los síntomas físicos, a continuación, daré paso a los psicológicos.

Los peores.

Las manecillas del reloj marcan 01:25

Sentimientos de irrealidad. Sí, comienzo a percibirlos.

Durante todo el episodio había comenzado a sentir un miedo a la muerte, pero en aquel instante se  había tornado más fuerte.

Las manecillas del reloj marcan 01:45

Tengo miedo de perder el control. Tengo miedo a una muerte inminente.

Necesito llegar.

-Beatrice, necesitas distraerte, vamos. (Yo en mi cabeza)

Tararear sí, empiezo a tararear una de las primeras canciones que se me viene a la mente. Necesito mantenerme ocupada. Necesito evadirme de la situación.

Dejar de clamar la muerte.

No perder la conciencia.

Toniiiiiight weeeee are young tararara rarárararará….” 

Las manecillas del reloj marcan 02:00 

Sobre la camilla del hospital y con la atención de las enfermeras, por primera vez en aquella noche, empiezo a recuperar la seguridad.

Mi vida está bajo control.

Un pinchazo por aquí y otro por allá.

Una pastilla por vía oral y mantener otra bajo la lengua.

Las manecillas del reloj marcan 02: 40

Las sensaciones de malestar poco a poco van desapareciendo.

Me encuentro mejor.

Tengo el control de mis manos y mis pies. Puedo caminar.

Todavía mi rostro permanece un poco adormecido, pero estoy bien, estoy bien.

Ya no me voy a desmayar y mi corazón ya no intenciona abandonar mi pecho.

Las manecillas del reloj marcan 03:30

Estoy en mi casa, estoy en mi cama.

La ventana está abierta y yo respiro el aire que desprende la madrugada.

MI cabeza está recostada y mis ojos todavía llorosos encuentran su reposo.

Mi mente y mi cuerpo descansan.

Y mi vida sigue su rumbo.

 

Mi primer ataque de pánico tuvo lugar repentinamente y sin motivo aparente. 

A fecha de hoy he tenido dos ataques de pánico más, pero no del mismo grado sino más leves, aunque condicionados, esta vez, por diferentes circunstancias que no mencionaré. 

El hecho de conocer y poner nombre a estos ”sucesos’‘ me ha permitido darme cuenta que, tal vez, las personas no estamos ”tan bien” como aparentamos o creemos estarlo. 

En realidad, todos batallamos día a día, con algo en nuestra mente. 

Nadie es inmune a perder, alguna vez, la cordura. 

En mi caso, es impredecible cuándo voy a tener otro ataque de pánico. 

Reconozco que esto me infunde cierto temor, pero, mi padre me ha enseñado que todo está en la mente, que se puede controlar, que hay que aprender a estabilizarse y tomar control de uno mismo. 

Que es posible y que sí se puede. 

Ahora mismo, lo cierto es que no tolero las discusiones ni los gritos inmediatamente me alejo de un ambiente así porque comienzo a percibir los síntomas de la ansiedad. 

En el presente voy en búsqueda de paz y estabilidad. 

Ser más fuerte. No hundirme, no derrumbarme. 

Mejorar física y mentalmente. 

Construir un bonito proyecto de vida y ser feliz. 

No deseo más de la vida. 

Estoy agradecida con tenerla. 

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Un comentario sobre “El reto de aprender a convivir con los ataques de pánico. (Experiencia/testimonio)

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  1. Bueno, he leído detenidamente lo.que cuentas y no soy quien para decir mucho, a veces admiramos vivir y no queremos irnos, otras veces nos da miedo la vida. Lo unico real ahora mismo es que estamos aquí, y no podemos hacer otra cosa que intentar seguir adelante. Me gustó leerte. Te ofrezco mi cariño un beso a tu alma.

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