Atrapada en mi propia burbuja de cristal

 

Tengo miedo, miedo de marcharme y al regresar, darme cuenta que había estado viviendo en una burbuja.

No en una burbuja de esas que se forman con agua y jabón, alcanza las nubes y explota sin tener mayor repercusión.

No

Sino en una de esas burbujas de cristal cuya misión pudiere consistir en servir, quizá, de maceta para alguna delicada flor o tal vez como hogar para algún pez de agua dulce.

Burbuja que si por un descuido cae a tierra…

podría terminar con la vida de un pequeño vertebrado o destruir los pétalos de una frágil anémona.

Tengo miedo, miedo de marcharme y al regresar, darme cuenta que no sabía nada.

Nada de lo que conlleva padecer hambre o dificultad.

Temor o enfermedad.

Nada de las noches frías de invierno pasadas en un parque abandonado o el bochornoso calor del verano en el suelo tirado.

Nada de lo que significa carecer de amor, ternura o afecto.

Que ignoraba el calvario y desconsuelo ajeno.

La aflicción, desesperación o tormento.

Que no sabía nada del mundo que me rodeaba, nada de la gente, nada de la vida.

En definitiva, nada del ser humano.

Tengo miedo, miedo de marcharme y al regresar, percatarme que he perdido demasiado tiempo, demasiado tiempo ignorando otras realidades y centrándome en la mía sola.

Como si de mí se tratara esto, como si mis sueños y proyectos fueran la máxima realización en la vida.

Tengo miedo, miedo de recibir adulación y lisonja.

Miedo de encontrar satisfacción y contento en las cosas superficiales de Occidente.

Miedo de llegar a creer que una carrera, un trabajo y el éxito es suficiente.

Para calmar esta sed, para llegar a sentirme bien,

Conmigo misma, con la vida.

Miedo de creer haber cruzado miradas con la felicidad…

cuando en realidad, ésta, ni siquiera había pasado por mi lado.

Tengo mucho miedo.

Miedo de haber sido cómplice, por un instante, de todo aquello que detesto.

Miedo de que alguien llegue y me diga que no tengo excusa, que de entre los cuales hoy juzgo, soy uno más de ellos.

Uno más que su rostro ha girado cuando en otras partes de la Tierra de guerras, penuria y necesidad se ha hablado.

Tengo miedo, miedo de encajar en esta loca sociedad que se llama a sí misma cuerda.

Cuando, lo cierto es, que ese término con la sociedad no concuerda.

Porque todos estamos chiflados.

Locos, pero locos de remate.

Me pregunto por qué no somos capaces de vivir juntos.

No digo como hermanos sino al menos como seres humanos.

Con un corazón en el pecho, una mano dispuesta a ofrecer un poco de pan, un oído para escuchar y palabras con las cuales al afligido apaciguar.

Por esto y por todo lo que aun guardo por decir, es que yo tengo miedo.

Por ello, porque tengo miedo es que me urge salir de mi burbuja, quiero salir de aquí.

De verdad, de verdad que lo quiero!

Pero tengo miedo.

Sí, quiero hacer mis maletas, abandonar la ciudad, salir del continente, atravesar el mar.

Ir de voluntariado a un país lejano, aislado.

A la India,  Tanzania o África,  quizá.

Pero … tengo miedo.

Miedo no por lo que allí pueda encontrarme sino miedo de marcharme y al regresar, darme cuenta que había estado viviendo en una burbuja, en una burbuja de cristal.

En una burbuja de cristal cuyo choque con la realidad pueda resultar fatal.

Y lo sé, sé que al regresar nada podría volver a ser igual y entonces será mi despertar.

Solo espero que hasta entonces no sea demasiado tarde.

Y aunque tengo miedo, sé y comprendo que es impostergable, pues es necesario ir quebrando, desde ya, esta burbuja…

aunque el costo de ello sea abarrotar mis codos y rodillas de heridas que tal vez no vuelvan a cicatrizar.

Confieso una vez más…

¡tengo miedo!

Tengo miedo…

Sí, pero…

puedo percibir que merecerá la pena y valdrá la vida el dolor de unos pedazos de cristal ante el engaño de una falsa realidad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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3 comentarios sobre “Atrapada en mi propia burbuja de cristal

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  1. Totalmente eso es lo que siempre digo. El egocentrismo hace pequeño a quien lo sufre, y nos deja aprender, porque si pensamos que todo lo sabemos al final no nos preocupamos de aprender de los demás y de todos podemos adquirir nuevos conocimientos en cualquier valor o materia. Besos, ha sido un honor leerte.

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